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missing bullets

"Ya hay balas perdidas cayendo… y ellos piensan que está lloviendo en Madriz"

31 songs

–¿Quieres bailar?
–No.
Así terminaba la mejor noche de su vida. La había conseguido hablar por primera vez y, aunque le hubiera rechazado, se sentía feliz.

Mellon Collie

Las lágrimas empiezan a descender por mis mejillas. La chica sentada a mi lado, una estudiante de bellas artes a juzgar por su enorme carpeta rellena de folios con carboncillo por todos lados, no se ha dado cuenta. Apoyo la cabeza contra el cristal que hay a mi espalda y continúo llorando.
Un tío pasa dejando un papel sobre mi rodilla, hace lo mismo con la artista de mi lado y con el resto de gente sentada. Pide dinero para él y sus dos hijos. Su historia, su drama, no me conmueve. Dejo caer de nuevo la cabeza hacia atrás y el llanto sigue.
La siguiente vez que levanto la cabeza me doy cuenta que estoy rodeado. Las lágrimas ya no caen y donde antes había sólo un par de personas, ahora hay al menos un par de docenas. La artista aprovecha para levantarse. Se va, y su asiento es ocupado rápidamente.
Cuando te acostumbras al olor, la cercanía, la respiración de alguien y de repente desaparece, te duele. Incluso te molesta y lloras por ello. Hasta que escuchas la siguiente respiración, la siguiente fragancia.

At the library

Al otro lado de la biblioteca te veo levantarte. Hoy te estás yendo pronto. Por un segundo nuestras miradas se cruzan. Ni siquiera puedo levantarme a hablarte. Hoy he estado a punto, pero en vez de eso me he quedado sentado, con cara de idiota, mirándote.
No sé qué tienes que me hace estar así. Cada vez que te veo haces que me sienta como un gilipollas.
Otro día más, te veo darle un beso al chico que tienes al lado y salir de la mano con él. Espero volver a verte mañana. ¿Por qué tenías que irte tan pronto? Me faltaba muy poco tiempo para levantarme al fin…

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Este texto no es más que mi idea de una transcripción a prosa de la canción de Green Day “At the library”

Microrrelatos

4

¿Recuerdas aquellos días en que éramos felices? En aquellos días no nos conocíamos. Entonces no estaba enamorado de ti y tú estabas enamorada de otro tío.
Ahora amo cada parte de ti. Y tú estás con otro tío distinto que, seguramente, te los ponga con alguna otra por ahí.
Já. Mírame ahora, sentado en un banco en un parque pensando en esos días en que éramos felices. Esos días que no quiero que vuelvan.

Watchmen

Me estoy asando. Sentado en esta escalera a las cinco de la tarde en pleno mes de agosto me está empezando a dar algo. Pero no me pienso mover. No hasta que tú llegues. Por una vez, ni siquiera tengo puestos los cascos. Puedo oír todas las conversaciones de mi alrededor. Las parejas se esperan, besan y se van. Los grupos de amigos se saludan, deciden dónde comprar las bebidas para emborracharse esta tarde y se van. Los veo a todos ir y venir. Hoy he llegado pronto.

El sol se ha puesto hace rato y yo sigo sentado en el mismo sitio. Es obvio que hoy no vas a venir. Con pesar me levanto y me voy. Llevo un año viniendo a esta misma escalera, en este mismo sitio, cada día. Y sigues sin aparecer. Ojalá pudiera decirte que estoy aquí, esperándote. Quizá si lo hiciera vendrías.

Tres

Tres días.
Han pasado tres putos días. Y aún nada. Ni una llamada. Cero.
Hace tres días me dijo que me llamaría para que me pasara. Hoy. Sin embargo, aquí estoy; sentado en el sofá, con el móvil en la mano, esperando. Podría pasarme por allí, como quien no quiere la cosa. Pero, entonces, podría parecer que estoy ansioso y pensaría que… No. Tengo que esperar. Llevo mucho tiempo esperando este momento. Puedo esperar un par de horas más.
Pero… ¿Y si no son horas? ¿Y si tengo que esperar a mañana? O peor, ¡a pasado! ¡No! Lo tengo todo listo para hoy. Tiene que ser hoy. Tiene que llamar. Lo prometió. Tiene que hacerlo ya.
Se está haciendo de noche. Eso es bueno, creo. La noche es buena conmigo. Siempre lo ha sido, seguro que hoy también.
Mi reflejo se ilumina en la pantalla apagada de la televisión. Está llamando. Por fin.
Al llegar, me mira sonriente.
–Sentimos la espera, señor, pero es el proceso rutinario. Aquí tiene su arma. ¿Querría comprar también algunas balas?
–Sólo una, gracias.

Microrrelatos

3

Estaba llorando. No se había dado cuenta durante mucho rato, pero lloraba. La gente que pasaba le miraban con cara de sorpresa. No tenía la apariencia de alguien que se ponga a llorar en mitad de la calle. Él los miraba, llorando, pero con una sonrisa en los labios mientras Chet Baker cantaba a su valentín.

Microrrelatos

2

Cuando Julieta despertó, Romeo seguía vivo.

Y en ese momento, ella se dio cuenta de que aquel hijo de la gran puta no la quería tanto como decía.

Grandes Historias de Des/amor (6/100) – Thursday

Se conocieron un jueves. Y sintieron algo que no habían sentido antes. Desde entonces, decidieron que aquel sería su día. El resto del tiempo daba igual, podían hacer lo que quisieran, ser de cualquier otra persona, pero el jueves eran del uno del otro, completamente uno del otro.

Se cruzaban por la calle días aleatorios, a veces solos, otras acompañados, riendo o perdidos en sus pensamientos. Pero no se saludaban, no se dirigían la palabra, no existían. Sólo los jueves.

Lunes. Martes. Miércoles. Viernes. Sábado. Domingo.

“El jueves eres mía”. “El jueves eres mío”.

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